La Fe Cristiana: Oración
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La Oración Falsa e Ineficaz


Sermón para el quinto domingo después de Pascua por el P. Francis Hunolt, SJ.

"(...) no hay nada más común que oír a los hombres quejarse de que sus oraciones parecen ser inútiles. ¿Cuál es la causa de esto? Si alguna vez nuestro corazón y nuestros deseos están en contradicción con las palabras que pronunciamos, lo están muy a menudo cuando oramos; porque no siempre somos sinceros en nuestras oraciones, ni deseamos realmente ser escuchados; de hecho, deseamos todo lo contrario de lo que pedimos. "

Fuente:
Short Sermons of Father Francis Hunolt
First Sunday after Easter
"False and Useless Prayer"
Sermón leído por AM
Holy Family Publications
https://jmjsite.com/

El modo en que debemos orar (Sermón del P. Francis Hunolt)


Sermón para el domingo de Quincuagésima por el P. Francis Hunolt, SJ.

"Si queremos orar correctamente, no nos limitemos a empezar, sino que continuemos orando constante y perseverantemente, sobre todo cuando pidamos algo que conduzca a nuestro bienestar espiritual, y que debería ser el principal, por no decir el único objeto de nuestras oraciones. No te des por vencido demasiado pronto, pues tienes la promesa de Cristo."

Fuente:
Short Sermons of Father Francis Hunolt
Quiquagesima Sunday
"The Manner in Which we Ought to Pray"
Sermón leído por AM
Holy Family Publications
jmjsite.com

La Eficacia y la Necesidad de la Oración (Sermón de San Alfonso María de Ligorio)


"La Eficacia y la Necesidad de la Oración", sermón para el décimo domingo después de Pentecostés por San Alfonso Maria de Ligorio.

"Si queremos llevar una buena vida y salvar nuestras almas, debemos aprender a orar. Dice San Agustín, "Sabe vivir bien, el que sabe orar bien". Para obtener las gracias de Dios por medio de la oración, es necesario, primero, quitar el pecado; porque Dios no escucha a los pecadores obstinados. Por ejemplo: si una persona siente odio hacia otra y desea vengarse, Dios no escucha su oración. "Cuando multipliques la oración, no te escucharé, porque tus manos están llenas de sangre." (Is. 1,15). San Crisóstomo dice, que el que reza mientras abriga un afecto pecaminoso, no reza, sino que se burla de Dios. Pero si pide al Señor que quite el odio de su corazón, el Señor lo escuchará."

Fuente:
Audio: Tenth Sunday after Pentecost: On The Efficacy And Necessity Of Prayer
Saint Alphonsus de Liguori
http://traditionalcatholicsermons.org/

Las Condiciones de la Oración (Sermón de San Alfonso María de Ligorio)


"Las Condiciones de la Oración", sermón para el quinto domingo después de Pascua por San Alfonso Maria de Ligorio.

"Todas las veces que pedimos con confianza favores que favorezcan nuestra salvación eterna, Dios escucha nuestra oración."

Fuente: Audio: Fifth Sunday After Easter: On the Conditions of Prayer" Saint Alphonsus de Liguori http://traditionalcatholicsermons.org/

La Oración (Sermones del Santo Cura de Ars)


"La oración" Sermón para el quinto domingo después de Pascua por el Santo Cura de Ars.

"La oración nos hace amigos de Dios, enriquece nuestras almas y nos asegura la vida eterna."

Fuente: "The Sunday Sermons of the Cure of Ars" Fifth Sunday after Easter – Prayer Sermon read by AM. Holy Family Publications https://jmjsite.com/

De la intercesión de María Santísima



"Lo que hasta aquí llevamos dicho de la intercesión de los Santos puede decirse, pero con mucha mayor excelencia, de la intercesión de la Madre de Dios. Sus oraciones valen más que las de todo el paraíso. Da la razón Santo Tomás, diciendo que los santos, según su mérito, así es el poder que tienen de salvar a otros muchos; pero como Jesucristo y digamos lo mismo de su Divina Madre, tienen gracia tan abundante, por eso pueden salvar a todos los hombres. Lo dice así el Santo Doctor. Ya es cosa grande decir de un santo que tiene bastante gracia para salvar a muchos. Pero si pudiera decirse de alguno que la tenía tan grande que a todos los hombres pudiera dar la salvación sería la más grande alabanza. Mas ello solamente puede decirse de Jesucristo y de su Madre Santísima. San Bernardo hablando de la Virgen escribió estas hermosas palabras: Así como nosotros no podemos acercarnos al Padre sino por medio del Hijo, que es mediador de justicia, así no podemos acercarnos a Jesús si no es por medio de María que es la mediadora de la gracia y nos obtiene con su intercesión todos los bienes que nos ha concedido Jesucristo. En otro lugar saca el mismo Santo de todo esto una consecuencia lógica, cuando dice que María ha recibido de Dios dos plenitudes de gracias- la primera, la encarnación del Verbo eterno, tomando carne humana en su purísimo seno. La segunda, la plenitud de las gracias que de Dios recibimos por su intercesión. Oigamos las palabras del mismo Santo: Puso el Señor en María la plenitud de todos los bienes, y por tanto, si tenemos alguna gracia y alguna esperanza, si alguna seguridad tenemos de salvación eterna, podemos confesar que todo nos viene de ella, pues rebosa de delicias divinas. Huerto de delicias es su alma y de allí corren y se esparcen suaves aromas, es decir, los carismas de todas las gracias.

Necesidad de acudir a los Santos



"Aquí aparece el lugar conveniente para tratar de la duda si es necesario también recurrir a la intercesión de los Santos para alcanzar las gracias divinas.

Que sea cosa buena y útil invocar a los Santos para que nos sirvan de intercesores y nos alcancen por los méritos de Jesucristo lo que por los nuestros no podemos obtener, es doctrina que no podernos negar, pues así lo declaró la Santa Iglesia en el Concilio de Trento. Lo negaba el impío Calvino, pero esa desatino e impiedad, porque., en efecto, nadie osará negar que es bueno y útil acudir a las almas santas que en el mundo viven para que vengan en nuestra ayuda con sus plegarias. Así lo hacía el apóstol San Pablo, el cual escribiendo a los de Tesalónica, les decía: Hermanos, rogad por nosotros. Pero, ¿qué digo? Hasta el mismo Dios mandaba a los amigos del Santo Job que se encomendasen a sus oraciones para que por sus méritos el les pudiese favorecer. Pues si es lícito encomendarse a las oraciones de los vivos ¿no lo será invocar a los Santos que están en el cielo y más cerca de Dios?

La oración es necesaria para vencer las tentaciones y guardar los Mandamientos



"Es además la oración el arma más necesaria par defendemos de los enemigos de nuestra alma. El que no la emplea, dice Santo Tomás, está perdido. El Santo Doctor no duda en afirmar que cayó Adán porque no acudió a Dios en el momento de la tentación. Lo mismo dice San Gelasio, hablando de los ángeles rebeldes:No aprovecharon la gracia de Dios y porque no oraron, no pudieron conservarse en santidad. San Carlos Borromeo dice en una de sus cartas pastorales que de todos los medios que el Señor nos dio en el evangelio, el que ocupa el primer lugar es la oración. Y hasta quiso que la oración fuera el sello que distinguiera su Iglesia de las demás sectas, pues dijo de ella que su casa era casa de oración: Mi casa será llamada casa de oración. Con razón,pues, concluye San Carlos en la referida pastoral que la oración es el principio, progreso y coronamiento de todas las virtudes.

Y es esto tan verdadero que en las oscuridades del espíritu, en las miserias y peligros en que tenemos que vivir sólo hallamos un fundamento para nuestra esperanza, y es el levantar nuestros ojos a Dios y alcanzar de su misericordia por la oración nuestra salud eterna. Lo decía el rey Josafat: Puesto que ignoramos lo que debemos hacer, una sola cosa nos resta: volver los ojos a Ti. Así lo practicaba el santo Rey David, pues confesaba que para no ser presa de sus enemigos no tenía otro recurso sino el acudir continuamente al Señor suplicándole que le librara de sus acechanzas: Al señor levanté mis ojos siempre, porque me soltará de los lazos que me tienden. Se pasaba la vida repitiendo así siempre: Mírame, Señor, y ten piedad de mí, que estoy solo y soy pobre. A ti clamé, Señor, sálvame para que guarde tus mandamientos... porque yo nada puedo y fuera de Vos nadie me podrá ayudar.

Necesidad de la oración



"En grave error incurrieron los pelagianos al afirmar que la oración no es necesaria para alcanzar la salvación. Afirmaba su impío maestro, Pelagio, que sólo se condena el hombre que es negligente en conocer las verdades que es necesario saber para la vida eterna. Mas el gran San Agustín salióle al paso con estas palabras: Cosa extraña: de todo quiere hablar Pelagio menos de la oración, la cual sin embargo (así escribía y enseñaba el santo) es el único camino para adquirir la ciencia de los santos, como claramente lo escribía el apóstol Santiago: Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría pídasela a Dios, que a todos la da copiosamente y le será otorgada.

Nada más claro que el lenguaje de las Sagradas Escrituras, cuando quieren demostramos la necesidad que de la oración tenemos para salvarnos... Es menester orar siempre y no desmayar.. Vigilad y orad para no caer en la tentación. Pedid y se os dará... Está bien claro que las palabras: Es menester... orad.. pedid significan y entrañan un precepto y grave necesidad. Así cabalmente lo entienden los teólogos. Pretendía el impío Wicleff que estos textos sólo significaban la necesidad de buenas obras, y no de la oración; y era porque, según su errado entender, orar no es otra cosa que obrar bien. Fue este un error que expresamente condenó la santa Iglesia. De aquí que pudo escribir el doctor Leonardo Lessio: No se puede negar la necesidad de la oración a los adultos para salvarse sin pecar contra la fe, pues es doctrina evidentísima de las sagradas Escrituras que la oración es el único medio para conseguir las ayudas divinas necesarias para la salvación eterna.

¿Cómo orar a Dios?



"1. Como un enfermo ante el médico, así debe actuar el pecador con su Creador. Sí, el pecador debe orar a Dios como el enfermo al médico. Hay dos obstáculos para la oración del pecador: la falta de luz o el exceso. Está a oscuras quien no ve ni reconoce sus pecados. Y está ofuscado por exceso de luz, quien ve tanto pecado que desespera del perdón. Ninguno de ellos puede orar. ¿Qué hacer entonces? Atenuar la luz para que el pecador vea y confiese sus pecados, y así podrá orar y suplicar el perdón.

La primera oración debe hacerla con sentimientos de pudor. Esto implica que el pecador no se atreve a acercarse directamente a Dios y busca un santo varón, un pobre de espíritu que sea como la orla del manto del Señor, y por ella le sea posible el acceso a él. El modelo de esta oración nos lo ofrece aquella mujer del Evangelio que sufría flujos de sangre y por el deseo de curarse se acercó pensando en su interior: Con sólo tocar la orla de su manto me curaré.

La segunda manera de orar se caracteriza por la pureza de afectos: el pecador se acerca directamente a Dios y es él mismo quien se confiesa. De esta oración nos dio ejemplo aquella pecadora que regó los pies del Señor con sus lágrimas y los enjugó con sus cabellos. De ella dijo el Señor: Se les perdonan sus muchos pecados porque ha amado mucho.

La tercera oración se expresa con un afecto más dilatado. Se ora por sí mismo, y también por los demás. Así oraron los Apóstoles intercediendo en favor de la mujer cananea que suplicaba la curación de su hija: Atiéndela, que viene detrás gritando.

La cuarta oración se expresa con afectos de fervor que brotan de la pureza de corazón, libre de temor y en total espíritu de gratitud. Esta fue la oración del Señor al resucitar del sepulcro a Lázaro, muerto hacía cuatro días: Te doy gracias Padre, porque siempre me escuchas. Y esa misma oración nos recomienda hacer frecuentemente el Apóstol: Orad constantemente; dad gracias en toda circunstancia. 

A estas cuatro maneras de oración que hemos indicado: la pudorosa, la pura, la universal y la ferviente, el Apóstol les da otros nombres y nos estimula a practicarlas con estas palabras: Lo primero que recomiendo es que se tengan súplicas y oraciones, peticiones y acciones de gracias. Las súplicas se hacen con sentimientos de pudor, las oraciones con un afecto puro, las peticiones con un corazón generoso, y la acción de gracias por el impulso del fervor.

2. Después de indicar diversos modos de oración, añadamos algo sobre la pureza con que debemos orar. En este aspecto creo que se requieren tres condiciones que deben impregnar profundamente la intención del que ora. El orante, en efecto, debe tener en cuenta qué pide, a quién se lo pide y quién lo pide.

El objeto de la petición implica dos cosas: pedir lo que Dios aprueba y desearlo con todo el ardor del espíritu. Y en ese sentido no es conforme a la voluntad de Dios pedir que muera el enemigo, sea herido o humillado, pues él mismo nos da este precepto: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, y rezad por los que os persiguen y calumnian. Ama a tu prójimo como a ti mismo. En cambio, cuando se pide el perdón de los pecados, la gracia del Espíritu Santo, la virtud o la sabiduría, la fe, la verdad, justicia, humildad, paciencia, mansedumbre u otros carismas espirituales, y sólo se desea eso con todo el ardor del corazón, esa oración es conforme a Dios y merece ser atendida. De semejantes estilos de oración dice el Señor por Isaías: Antes que me llamen yo les responderé; aún estarán hablando y les habré escuchado.

Existen otras cosas que nos hacen falta y que Dios las concede si se las pedimos; y pueden ser conformes o no al querer divino, según el fin al que se ordenan. Me refiero a la salud corporal, el dinero y la abundancia de bienes terrenos; proceden de Dios, pero no hay que darles demasiada importancia ni poseerlas con ansiedad.

El que pide debe considerar en Dios estos dos aspectos: su bondad y su majestad. Por su bondad quiere dar gratuitamente, y por su majestad puede conceder cuanto se le pida. Y también el mismo que suplica debe insistir en estos dos puntos: esté convencido de que no recibirá nada por sus propios méritos, y confíe recibir de la misericordia divina todo cuanto pide.

Cuando se dan estas tres condiciones y tal como las hemos explicado, entonces se puede hablar de un corazón puro. Y quien ora con esta pureza e intención de corazón crea que será escuchado. Lo atestigua el apóstol Pedro: Dios no hace distinciones, sino que acepta al que le es fiel y obra rectamente."

Fuente: "Sermones de San Bernardo de Claraval", http://sigilummilitumxpisti.blogspot.com/ - [Negrillas son nuestras.]