La Fe Cristiana: Juicio
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La última sentencia del Juez sobre el criminal (Sermón del P. Francis Hunolt)


Sermón para el domingo de Septuagésima por el P. Francis Hunolt, SJ.

"No quisisteis reconocerme ni amarme como vuestro Dios; habéis ofrecido incienso a otras deidades; habéis adorado al mundo y sus vanidades; tuve que ceder en vuestra elección a una ganancia transitoria, a un placer inmundo, a un soplo de honor, a un simple mortal. Mi cruz fue un escándalo para vosotros; mi pobreza y mi humildad, demasiado mezquinas para vosotros; mi vida y las leyes de mi Evangelio solo provocaron vuestra risa; el cielo, en vuestra opinión, no merecía la pena. Pues bien, ¡fuera de aquí! Nunca, por toda la eternidad, tendrás parte conmigo. Has amado la maldición; ¡estará contigo para siempre! Apartaos de mí, malditos."

Fuente:
Short Sermons of Father Francis Hunolt
Septuagesima Sunday
"The Last Sentence of the Judge on the Criminal "
Sermón leído por AM
Holy Family Publications
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Convocatoria de los muertos al Juicio (Sermón del P. Francis Hunolt)


Sermón para el tercer domingo después de Epifanía por el P. Francis Hunolt, SJ.

"¡Cristiano malvado! Ay de ti si, más sordo que los huesos enmohecidos que al sonido de la trompeta se levantarán enseguida de sus tumbas, cierras tus oídos a mi voz, o más bien a la voz de Dios, que te habla por mi boca. ¡Ay de ti si la meditación de ese día espantoso, en el que toda la naturaleza será perturbada y los hombres se marchitarán de miedo, no te inspira un temor saludable y la resolución de enmendar por fin tu vida pecaminosa!. Pero si ahora te niegas a escucharme a mí, que solo digo lo que es para tu salvación eterna, un día, contra tu voluntad, tendrás que oír esa voz terrible cuya única expresión para ti será la sentencia de tu condenación eterna."

Fuente:
Short Sermons of Father Francis Hunolt
Sermón leído por AM
Holy Family Publications
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Otra Razón para el Juicio Universal (Sermón del P. Francis Hunolt)


"Otra Razón para el Juicio Universal", sermón para el tercer domingo después de Pascua por el P. Francis Hunolt, SJ.

"Que los siervos piadosos y virtuosos de Dios no son durante su vida, apreciados ni honrados, sino, en general, despreciados y perseguidos injustamente, proviene de tres causas. La primera es su propia humildad, que les impulsa a ocultar su virtud al mundo; la segunda es la maldad de los hombres pecadores, que con juicios precipitados, conversaciones poco caritativas y persecuciones, tratan de vilipendiar sus buenas obras; la tercera son las falsas máximas y juicios de los mundanos vanos, que ridiculizan y se ríen de la verdadera virtud y de la piedad como una locura. Es justo, pues, que haya un día de juicio universal, en el que Dios defienda a sus siervos contra estas dos últimas clases de personas, y justifique su virtud, y dé a conocer al cielo y a la tierra la santidad que su humildad mantuvo oculta."

Fuente:
Short Sermons of Father Francis Hunolt
11th Sunday after Pentecost
"Another Reason for the General Judgment"
Sermón leído por AM
Holy Family Publications
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La Razón del Juicio Final (Sermón del P. Francis Hunolt)


"La Razón del Juicio Final", sermón para el octavo domingo después de Pascua por el P. Francis Hunolt, SJ.

"Por lo tanto, debe llegar un momento en el que Dios vengue su honor, y muestre públicamente ante el mundo lo que Él es. Y ese será el día del juicio universal, que por lo tanto se llama en las Sagradas Escrituras "el día del Señor". Entonces todos verán cuán amargo es el odio que Dios tiene contra el pecado y el pecador, y cómo no permitirá que la más pequeña transgresión quede impune; porque Él exigirá cuentas incluso de una palabra o un pensamiento ocioso;"

Fuente:
Short Sermons of Father Francis Hunolt
8th Sunday after Pentecost
"Reason for the Last Judgement"
Sermón leído por AM
Holy Family Publications
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La Consideración sobre Nuestro Último Fin (Sermón del P. Francis Hunolt)


"La Consideración sobre Nuestro Último Fin", sermón para el cuarto domingo después de Pascua por el P. Francis Hunolt, SJ.

"Si reflexionamos a menudo sobre esta verdad de forma seria y profunda: Me estoy apresurando a la tumba, ¿deberíamos entonces atormentarnos tanto con preocupaciones inquietantes y fatigosos trabajos por el bien del cuerpo mortal, o acumular dinero, o disfrutar de los placeres de la vida? En el nombre de Dios, ¿de qué sirven esos deseos tan desordenados?"

Fuente: Short Sermons of Father Francis Hunolt 4th Sunday after Easter "The Consideration of Our Last End" Sermón leído por AM Holy Family Publications https://jmjsite.com/

¿Todos se salvan? ¿Se salvan pocos?


"Las dificultades no deben acobardarte. La puerta del cielo es estrecha, es verdad; pero se puede entrar por ella si te esfuerzas a entrar como te dice Jesucristo. Un buen marinero, un buen soldado, no pierde el ánimo en el mayor peligro, sino que se anima y trabaja más. No te acobarde tu flaqueza; todo lo puedes en aquel Dios que te da fuerza. El ejemplo de los tibios y poltrones no sea tu regla; ni digas: otros hacen lo mismo en la Iglesia, en el convento, etc. Vive con los pocos, si quieres salvarte con los pocos que se salvan. Sálvate, pues, con los pocos. ¿No te aconsejo bien? ¿Pues qué haces?" (P. Belmonte. “Jesús al corazón del sacerdote secular y regular, o, Consideraciones eclesiásticas para cada día del mes”, 1847)

Textos recomendados:
1. «El pequeño número de los que se salvan» por San Leonardo de Porto-Maurizio. http://bit.ly/2GHVpOa
2. Sermón «Del número de los que se salvan» en "Misiones y sermones del P. Pedro de Calatayud" Tomo III, 1796. Disponible en PDF: http://bit.ly/2V0l5Qq

Música: "Egmont Overture" intérprete Kevin Macleod. CC By 4.0. Source: youtube.com/audiolibrary/music

De las Propiedades de la Muerte



"En esta meditación consideraremos algunas propiedades de la muerte, y los fines que pretendió Dios en ellas para nuestro provecho, reduciéndolas a tres, que son las más principales. —

Punto Primero. — 1. La primera propiedad de la muerte es, ser certísima, sin que ninguno se pueda escapar de ella en el tiempo que Dios tiene determinado. (Hebr. IX, 27). En lo cual se ha de ponderar lo primero, que Dios nuestro Señor desde su eternidad tiene determinados los años de nuestra vida y señalado el mes (Psalm. XXXVIII, 6), el día y la hora en que cada uno ha de morir, sin que sea posible, como dice Job (XIV, 5), pasar de él un punto: ni hay rey ni monarca que pueda añadirse a sí o a otro un momento de vida sobre lo que Dios ha determinado. Y así como entré en el mundo el día que Dios quiso, y no antes; así también saldré de él el día que Dios quisiere, y no después. Para que entienda, que cualquier día que vivo le recibo de gracia, y los que he vivido han sido de gracia: pues pudiera Nuestro Señor haberme señalado plazos de vida más cortos, como señaló a otros que murieron en el vientre de sus madres, y en su niñez. Y pues mi vida está tan colgada de Dios, justo es gastar todo el tiempo de ella en servicio de quien me la da, teniendo por sumo desagradecimiento emplear un solo momento en ofenderle.

Del Juicio. De la sentencia final en favor de los escogidos



"I. Venid, (dirá el Salvador a los escogidos) benditos de mi Padre, poseed el reino que os ha sido preparado desde el principio del mundo. Venid, no ya para llevar la cruz conmigo, sino para reinar conmigo; no para renunciaros A vosotros mismos, y a los deleites, sino para gozar de todas las delicias que mi bondad os prepara, y para ser testigos y compañeros de mi gloria; venid del lugar de vuestro destierro para entrar en vuestra patria; venid de la tierra, lugar de miserias y llantos, para reinar en el Cielo, centro de los verdaderos gustos y delicias: venid y mirad si os engañé, cuando os dije que la dicha que os preparaba era tan grande que merecía llevaseis los mayores males no solo con paciencia, sino con alegría. Dichosos los que escuchan hoy con gusto y obediencia la voz del Señor que les convida a llevar su cruz; pues están seguros de que los convidará después a gozar de la eterna bienaventuranza con su Divina Majestad.

II. Venid, mis escogidos, vosotros que habéis sido menospreciados, perseguidos y maldecidos del mundo; pero honrados, y benditos, no de Abraham, o de Isaac, sino de Dios que es mi Padre y el vuestro, y cuya bendición os recompensará plenamente de todas las maldiciones que os echó el mundo; porque ella os da un derecho de primogenitura, no sorprendido como a un infeliz Esaú; sino una herencia eterna, que yo que quise ser vuestro hermano, parto con vosotros después de haberos a ganado con el precio de mi sangre; vosotros seréis benditos en todo, por todo, y para siempre, alabaréis eternamente conmigo al Padre de las misericordias, al autor de todas las bendiciones de que seréis colmados por toda la eternidad. Lléneme, Señor, el mundo de maldiciones, persígame sin darme un momento de reposo: yo lo consiento, Señor, con tal que después tenga parte en la bendición con que vuestra Divina Majestad honra a sus escogidos.

III. Poseed (añadirá nuestro juez) el reino que yo os he preparado desde el principio del mundo. No es una ligera recompensa la que os doy; porque es un reino, y este no es por tiempo limitado, ni para poseerle y dejarle después: Possidete (es para poseerle eternamente) paratum vobis a constitutione mundi: se os preparó, no solo desde el principio del mundo; pero aun desde toda la eternidad: toda ella fue menester para prepararle, y vosotros no habéis habido menester, sino pocos momentos para merecerle, quedándoos una eternidad entera para gozarle. Pero ¿por qué precio, Señor, nos le das? Por un bocado de pan, o por un vaso de agua dado a un pobre: Esurivi enim & dedistis mihi manducare (Matt. 25, 35).  ¡Qué excesiva recompensa, Señor, para tan poca cosa! Verdaderamente que es excesiva para nosotros; pero no lo es hacia un Dios infinitamente bueno y liberal. ¡Qué gran dicha es, Dios mio, hacer y padecer mucho por vuestra Divina Majestad; pues haciendo tan poco, premias con tanto exceso! Bien merece su infelicidad el que se priva de esta gloria; pues menosprecia un bien tan grande y que le pudo tener tan fácilmente."

Fuente: "Pensamientos o Reflexiones Cristianas, para todos los días del año", Pbro. Francisco Nepueu, Tomo IV, Octubre, Día VI - [Negrillas son nuestras.]

Del Juicio Universal



"Et videbunt Filium hominis venientem in nubibus caeli cum virtute multa et majestate.
«Verán venir al Hijo del Hombre sobre las nubes resplandecientes del cielo con gran poder y majestad. (Math. XXIV, 30)».

Dios es desconocido en nuestros tiempos, y por esto es tan despreciado de los pecadores, como si no pudiera vengarse, cuando quiera, de las injurias que le hacen: Et quasi nihil posset facere omnipotents, æstimabant, eum. (Job. 22,17). Pero el Señor ha fijado un día que en las santas Escrituras se llama: Dies Domini, en el cual el eterno Juez se dará a conocer con toda su grandeza y majestad: Cognoscetur Dominus judica faciens.(Psalm. 9,17). Sobre este texto escribió San Bernardo: “El Señor, que ahora es ignorado mientras es misericordioso, se dará a conocer cuando venga a juzgarnos”. (Lib. 12 de Rad.). Por esto se llama este día: “Día de ira, de tribulación y de angustia. Día de calamidad y miseria” (Soph. 1,15). Comencemos, pues, a hacer las reflexiones siguientes:

En el punto 1º: El diverso aspecto que representarán los justos y los pecadores.
En el 2º: El examen de las conciencias.
En el 3º: La sentencia de los escogidos y de los réprobos.

Punto 1
Del distinto aspecto de los justos y de los pecadores en el valle de Josafat
1. A este día dará principio el fuego que bajará del Cielo, y con su ardor los elementos se disolverán; y la tierra y las obras que hay en ella, con todos los hombres que vivan entonces, todo será abrasado: Terra et quœ in ipsa sunt opera exurentur (2, Petr. 3,10). Todo se convertirá aquél día en un montón de cenizas.

2. Luego que estén muertos los hombres sonará aquella terrible trompeta, que hacía temblar a San Jerónimo,  y todos resucitarán a su acento, como dice el Apóstol: Canet enimtuba, et mortui resurgent (1, Cor. 15,52). San Jerónimo (in Math. cap. 5) decía: “Siempre que pienso en el día del juicio, me pongo a temblar. Bien esté comiendo, bien bebiendo, bien haciendo cualquier otra cosa; siempre me parece que resuena en mis oídos aquella terrible trompeta que dice: “Levantaos muertos, venid a juicio”. Y San Agustín confesaba, que ninguna cosa le distraía más de los pensamientos terrenos, que el temor que le inspiraba éste día.

3. Al sonido de aquella trompeta descenderán del Cielo las hermosas almas de los bienaventurados, a unirse con aquellos mismos cuerpos con que sirvieron a Dios en este mundo; y saldrán del Infierno las de los réprobos, desesperadas y horribles a unirse a los cuerpos desgraciados y malditos, con los cuales ofendieron a Dios. ¡Cuán diferente será la presentación de los unos de los otros! Los réprobos aparecerán deformes y negros como tizones del Infierno: al propio tiempo que los justos resplandecerán como el sol en medio de su Padre: Tunc justi fulgebunt sicut sol (Math. 13,43). ¡Qué contentos estarán entonces los que hayan mortificado su cuerpo con la penitencia! Deduzcámoslo de las palabras que dijo San Pedro de Alcántara a Santa Teresa, cuando se le apareció después de su muerte: ¡O felix paenitentiæ, qÅ“ tantam mihi promeruit gloriam! ¡Dichosa penitencia, que me granjeó tan grande gloria!

4. Luego que los hombres hayan resucitado, los ángeles los conducirán al valle de Josafat para ser allí juzgados: Populi, populi in vallem concisionis, quia, juxta est Domini (Joel. 3,14). Luego, los mismos ángeles separarán los réprobos de los elegidos, colocando a estos a diestra y aquéllos a la siniestra: Exibunt angeli, et separabunt malos d medio justorum. ¡Qué confusión sufrirán entonces los tristes condenados! dice el autor de la “Obra imperfecta” (Hom. 54). ¡Quomodo putas impios confundendos, quando segregatis justis, fuerint deridicti! Esta pena sola sería bastante para servirles de Infierno, como dice el Crisóstomo: Et si nihil ulterius paterentur ista sola verecundia sufficeret eis ad paenam. (In Math. cap. 24). El hermano será separado del hermano, el marido de la esposa, el hijo del padre, el amigo del amigo.

5. Pero, repentinamente se abren los Cielos, los ángeles acuden a presenciar el juicio, llevando la enseña de la Cruz y los otros signos de la Pasión del Redentor, como dice el angélico Santo Tomás: Veniente Domina ad judicium signam crucis, et alia passionis indica demostrabunt. (S. Thom. Opusc. II, Cap. 244). Esto se confirma con aquellas palabras de San Mateo (24, 30): Et tunc parebit signum Filii hominis in cœlo, et tunc plangent omnes tribus terræ. Derramarán lágrimas de desesperación los pecadores al ver la cruz del Salvador; porque como dice San Juan Crisóstomo, los clavos se quejarán del pecador, y las llagas y la cruz de Jesucristo hablarán contra de él. Clavi de te conquerentur, cícatrices contra te prorabit. (Homi. 20 in Math.).

6. También la Reina de los santos y de los ángeles, María Santísima, asistirá al juicio universal del género humano; y, finalmente, comparecerá el eterno y supremo Juez sobre las nubes, cercado de esplendor y majestad: Et videbant Filium Hominis venientem in nulibus cÅ“li, eum virtute multa et majestate. (Math. 24,30). Verán al Hijo de Dios y de la Virgen sobre las nubes resplandecientes del Cielo rodeado de pompa y de virtud. ¡Que pena causará a los réprobos la vista imponente del Juez! A facie ejus cruciabantur populi. (Joel. 2, 6). San Jerónimo dice que la presencia de Jesucristo les causará mayor tormento que el mismo Infierno: Domnatis melius est inferni penæs, quam domini praesentiam ferre. Por esto, según San Juan, dirán ellos aquel día a los montes y peñascos: Caed sobre nosotros, y ocultadnos de la vista del Juez irritado: Dicent montibus et petris: Cadite super nos et abscondite nos a facie sedentis super thronum, et ab ira Agni. (Apocal. 6,16).

Punto 2º
Examen de las conciencias
 7. Judicium sedit et libri aperti sunt. (Dan. 7,10) Se abren los libros o procesos de las conciencias y comienza el juicio. Nada quedará entonces oculto. El Apóstol dice, que el Señor sacará a plena luz lo que está en los escondrijos de las tinieblas: Illuminabit abscondito tenebrarum (1 Cor. 4,5). Dios mismo, dice por Sofonías (1,12): Secutabor Hierusalem in lucernis. Pesquisaré, examinaré los crímenes de Jerusalen , esto es, de todo el mundo, a la luz de una bujía, que quiere decir, con tanto rigor, que no se me oculte ninguno: porque con la bujía se registran los rincones más ocultos.

8. San Juan Crisóstomo escribe (Homil. 3 de Dav) Terrible judicum, sed pecatoribus, justis autem optabile et suave. El juicio causará espanto a los pecadores; pero a los justos alegría y dulzura; porque entonces Dios, dice, dará a cada uno el premio o castigo que haya merecido según sus obras, buenas o malas. (1. Cor. 4,5).El Apóstol dice, que en aquél día, los elegidos serán sublimados sobre las nubes para obsequiar al Señor en compañía de los ángeles: Rapiemur cum illis in nubibus obviam Cristo in aera. (1 Thess. 4,16).

9. Los hombres mundanos, que al presente llaman insensatos a los justos que viven mortificados y humillados, confesarán entonces su propia insensatez, y dirán: Non insensati vitam illorum estimabamus insaniam, et fine illorum sine honore: ecce quomodo computati sun inter filios et inter sanctos sors illorum est. Nosotros, insensatos, creíamos que la vida de los justos no era más que extravagancia y locura , y que al fin nada conseguirían: pero vemos que han sido contados entre los hijos de Dios, y que les ha cabido la suerte de los santos. (Sap. 5, 4.). En este mundo se llaman felices los ricos y los que disfrutan honores; pero la felicidad verdadera consiste en alcanzar la bienaventuranza. Alegraos pues vosotras, almas piadosas, que pasáis en este mundo una vida llena de tribulaciones; porque vuestra tristeza se convertirá en alegría: Tristitia vestra vertetur in gaudium. (Joan. 16,20.) Y en el valle de Josafat estaréis sentados en tronos de gloria.

10. Los réprobos, al contrario, serán colocados a la siniestra como cabritos destinados al matadero, para esperar allí su última sentencia de eterna condenación. Judici tempus dice el Crisóstomo, misericordiam non recipit. En el día del juicio no habrá esperanza de misericordia para los desdichados pecadores. San Agustín escribe: Magna jam est pæna pecati, metum et memoriam divini perdidisse judicii (Serm. 20 de Temp.). Ya es gran pena del pecado vivir sin acordarse del día del juicio, y sin temerle. Y en efecto, la mayor pena del pecado que experimentan los que viven en desgracia de Dios, es: haber perdido el temor y la memoria del juicio divino. Sigue, sigue sin embargo viviendo obstinado en el crimen, dice el Apóstol, que según es tu obstinación , el día del juicio hallarás amontonado un tesoro, no de gloria , sino de ira divina: Secundum autem duritiam tuam et impÅ“nitens cor, thesaurizas tibi iram in die iræ. (Rom. II, 5).

11. Entonces dice San Anselmo, no podrán ocultarse los pecadores, sino que se verán precisados a comparecer en juicio con dolor insufrible. Latere enim impossibile, apparere intolerabile. Los demonios harán su oficio acusándole, y dirán al Juez , como dice San Agustín: Judica, esse meum, qui tuus esse noluit. Juzga, como juez recto que eres, que es mio y me pertenece el que no quiso ser tuyo. En contra de ellos testificarán, primeramente su propia conciencia: Testimonium reddente illis conscientia ipsorum. (Rom. 2,15). En segundo lugar las criaturas y las paredes mismas de la casa en que pecaron estarán clamando en su contra: Lapis de partete clamabit. (Habac, 2.11) En tercer lugar el Juez mismo dirá: Yo que todo lo sé , yo a quien nada se puede ocultar, soy testigo: Ego sum judex et testis, dicit Dominus. (Jerem. 29.23.) Sobre lo que escribió después San Agustín : Ipse erit judex causae tuae, qui modo est testis vitae tuae. (Lib. de 10. Chord.) Será juez de tu causa el mismo que ahora es testigo de tu vida. A los cristianos condenados les dirá especialmente las palabras de S. Mateo (11,12.): Vae tibi Corozain, vae tibi Bethsaida : quia, si in Tyro et Sidone factae essent virtutes quae factae sunt in vobis, olim in cilicio et cinere poenitentiam egissent. Cristianos, les dirá , sí las gracias que a vosotros os he hecho, las hubiese hecho a los turcos, o a los idólatras, ellos hubieran hecho penitencia de sus culpas; pero vosotros no habéis puesto fin a vuestros pecados, sino con la muerte. Y entonces les pondrá a la vista sus maldades ocultas: Revelabo pudenda tua in facie tua. (Nahum 3,5). Descubrirá todos sus desórdenes , sus injusticias y crueldades ocultas: Ponam contra te omnes abominationes tuas. (Ezech. 7, 3). Manifestará a los réprobos todos sus pecados.

12. ¿Que excusas podrán entonces alegar?  Omnis iniquitas oppilabit os suum. (Psalm. 106). Sus numerosos pecados les cerrarán la boca , y en lugar de poder responder para excusarse, pronunciarán ellos mismos su propia condenación, diciendo: Ergo erravimus a via veritatis. En efecto abandonamos el camino de la verdad.

Punto 3º
Sentencia de los escogidos y de los réprobos
13. San Bernardo dice (Serm 8 in Ps. 90), que, primeramente, escucharán su sentencia los elegidos, destinándoles a la gloria del Paraíso, para que sea mayor la pena a los réprobos, viendo lo mucho que han perdido. Prius pronuntiabitur sententia electis, ut acrius (reprobi) doleant videntes quid amiserint. Volveráse, pues, Jesucristo , primero á los elegidos , y les dirá : Venite benedicti Patris mei, possidete paratum vobis regnum a constitutione mundi. Venid, benditos de mi Padre, poseed el reino que os está preparado desde el principio del mundo. (Math. 25.34.) Bendecirá todas las lágrimas que derramaron, doliéndose de sus culpas, todas sus obras buenas, sus oraciones, sus mortificaciones y comuniones: sobre todo las penas de su pasión y la sangre derramada por su salud. Y en medio de estas bendiciones entrarán en el Paraíso, cantando himnos de alabanza para alabar a Dios eternamente.

14. Luego se volverá hacia los réprobos, y pronunciará su condenación con estas palabras: Discedite a me maledicti in ignem aeternum. (Math. loco cit. 5,41). Id lejos de mí, malditos, al fuego eterno. Serán pues maldecidos, separados de la presencia de Dios y enviados a arder eternamente en el fuego abrasador del infierno : Et ibunt hi in supplicium aeternum, justi autem in vitam aeternam. (Math. 25,46).

15. San Efrén dice, que después de esta sentencia, los réprobos serán obligados a dar un eterno adiós a sus padres, al Paraíso, a los Santos y a la Virgen María. (Efren. de variis serm. inf.). Enseguida se abrirá un abismo en el medio del valle; y los desgraciados réprobos serán lanzados en él, y luego se cerrará aquella boca para siempre jamás. ¡Maldito pecado! ¡A que fin tan triste tienes que conducir un tiempo tantas almas redimidas con la sangre preciosa de Jesucristo! ¡Oh almas desventuradas, a las cuales está reservado un fin tan triste y lamentable!.

Pero regocijaos vosotros, amados cristianos, para quienes Jesucristo hace el presente las veces del Padre y no de Juez. Preparado está siempre a perdonar al que se arrepiente. Pidámosle presto perdón de nuestras culpas; detestémoslas, diciéndole de lo íntimo del corazón: Me pesa Señor, de haberos ofendido; me pesa de haber pecado, me pesa de haber estado sordo a vuestros llamamientos, que, como divino Pastor de las almas, habéis habéis llamado tantas veces la mía, para que dejando los pastos vedados de los vicios, acudiera a los prados amenos de las virtudes que cercan la mansión deliciosa del Paraíso. Habed, Señor, misericordia de mí, habed compasión de una arrepentida; misericordia Dios mío, misericordia y gracia."

Fuente: "Sermones abreviados para todas las dominicas del año", San Alfonso María de Ligorio, 1847 - [Negrillas son nuestras.]

El pecador en el Juicio Final verá todos sus pecados y el mismo Dios se los hará ver



"En el mundo todos se disfrazan y ocultan muy fácilmente y el vicio toma con frecuencia la apariencia de la virtud; pero en el día de las venganzas todo se descubrirá y se pondrá de manifiesto: el pecador no podrá engañar a su Juez que discierne y califica los pensamientos y las intenciones más ocultas del corazón: Discretor cogitationum et intentionum cordis  (Heb. 4, 12). En aquel día, en aquel gran día habremos todos de comparecer ante el tribunal de Cristo: Omnes enim non manifestari oportet ante tribunal Christi (II Cor. 5, 10). Ministros del Dios vivo, poderosos del mundo, políticos del siglo que sabéis adornaros con la falsa exterioridad de rectitud; hijos de los hombres, que nada teméis tanto como el que sea profundizado el horrendo abismo de vuestras conciencias criminales, tendréis que comparecer, si, precisamente, y no os servirá ningún pretexto, ni subterfugio, ni os quedará el recurso de apelar: Oportet (II Cor. 5, 10). Entonces el Juez sacará a plena luz lo que está en los escondrijos de las tinieblas, y descubrirá las intenciones de los corazones: Illuminabit abscondita tenebrarum, et manifestabit consilia cordium (I Cor. 4, 5). Leerá y mandará leer todas las circunstancias de una vida licenciosa, todo el desorden de una pasión ilegitima, todos los subterfugios de una maldad sagazmente concertada, todas las particularidades de una intriga secreta: Scrutabor Jerusalem in lucernis (Sophon. 1, 12). Dará a conocer a aquel impío la delincuente insensibilidad con que procuró olvidar su salvación vendiéndola por algunos bienes caducos, cuya vanidad y falsedad verá entonces de una manera patente: Scrutabor (Sophon. 1, 12). Convencerá a ese mancebo licencioso de haber abusado de las gracias que se le habían concedido para vencer las tentaciones a que se rindió tan vergonzosamente.

No, ciertamente, pecadores, no os lisonjeéis con vanas esperanzas; por más que hubieréis tratado de ocultar y oscurecer los pecados mas vergonzosos, Dios se hará luz para que los veáis claramente como unos monstruos que horrorizarán a toda la naturaleza. Y ¿Cual será vuestra confusión y desesperación cuando el universo entero leerá, digámoslo así, en vuestra frente todos vuestros pasados desórdenes? Juzgad por la situación en que os encontraríais, si de improviso os declarara yo que informado de toda vuestra vida por boca del mismo Dios, tenia orden suya para manifestar en este púlpito todos vuestros misterios de iniquidad. ¡Ah! hermanos míos, si la realidad correspondiese a la amenaza y llamara yo ahora por su nombre a aquel magistrado venal, a aquel eclesiástico simoniaco, a aquel hereje simulado, a aquella mujer infiel, a aquel negociante agiotista, a aquel hipócrita; si haciendo a cada cual su retrato al natural os dijera lo que sois y lo que tenéis tanto interés en ocultar, por más que me anunciase como inspirado de Dios, me oiríais con indignación. ¿Y qué es todo este auditorio, por numeroso que sea, en comparación de la inmensa muchedumbre de testigos ante quienes se descubrirán todas las miradas impuras, todos los pensamientos pecaminosos, esas mordaces murmuraciones, esas limosnas hechas por vanidad, esas comuniones sacrílegas, esos contratos usurarios, esas injusticias paliadas, todas esas intrigas sordamente tramadas, todos esos hurtos especiosamente disimulados, esa ambición tan piadosamente autorizada? Revelabo pudenda tua in facie tua (Nahum 3, 15). Si, dice el Señor, todo esto está reservado y como sellado en los tesoros de mi justicia: Signata in thesauris meis (Deuter. 32, 34): y estos tesoros son los que yo produciré a la vista de todo el universo; por más ocultos que los tengáis con el velo de la hipocresía y de la más densa oscuridad, vosotros sufriréis toda la humillación y sonrojo."

Fuente: "Tesoro de Oratoria Sagrada: Diccionario Apostólico" [Tomo 2], 1858 - [Negrillas son nuestras.]