La Fe Cristiana: Salvación
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Debemos evitar las malas compañías (Sermón de San Alfonso María de Ligorio)


"Debemos evitar las malas compañías", sermón para el décimo tercer domingo después de Pentecostés por San Alfonso Maria de Ligorio.

"Huye entonces de la conversación de estos malvados amigos. "Cierra tus oídos con espinas, no escuches una lengua malvada." (Eclo. 28:28.) Cuidado con escuchar el lenguaje de tales amigos; sus palabras pueden llevarte a la perdición. Y cuando los oigas hablar impropiamente, ármate de espinas y repréndelos, no solo para reprenderlos, sino también para convertirlos."

Fuente:
Audio: Thirteenth Sunday after Pentecost: On Avoiding Bad Company
Saint Alphonsus de Liguori
http://traditionalcatholicsermons.org/

La Confesión es un medio fácil de salvación (Sermón del P. Francis Hunolt)


"La Confesión es un medio fácil de salvación", sermón para el tercer domingo después de Pascua por el P. Francis Hunolt, SJ.

"Todo lo que Dios pide al pecador en el Sacramento de la Penitencia es el examen de conciencia, un verdadero dolor por el pecado, un firme propósito de enmienda, la confesión de sus pecados, y el cumplimiento de la penitencia que se le ordena."

Fuente:
Short Sermons of Father Francis Hunolt
7th Sunday after Pentecost
"Confession an Easy Means of Salvation"
Sermón leído por AM
Holy Family Publications
https://jmjsite.com/

El Pequeño Número de los que se Salvan por San Leonardo de Porto Maurizio


Sermón: "El Corto Número de los que se Salvan" por San Leonardo de Porto Maurizio.

"Y si bien es cierto que pocos se salvan, es porque hay pocos que viven bien."
00:17 Introducción
02:48 La enseñanza de los Padres de la Iglesia
05:12 Las palabras de la Sagrada Escritura
07:53 La salvación en los diferentes Estados de Vida
24:45 La Bondad de Dios
26:56 Dios quiere que todos los hombres se salven
37:22 Conclusión

Fuente: "The Little Number Of Those Who Are Saved"
St. Leonard of Port Maurice
http://traditionalcatholicsermons.org/

Medio más seguro para adquirir el Cielo


Habiendo dado a elegir nuestro Señor a santa Catalina de Siena una de dos coronas, de las cuales la primera era de oro, y la segunda de espinas, ella eligió sin titubear la de espinas, y desde aquel momento tuvo tan grande amor a las aflicciones, que decía: «Nada hay más agradable para mí que las cruces. Si Dios me da a escoger el ir actualmente al paraíso, o vivir largo tiempo en la tierra para sufrir, escogeré el estar en este mundo; yo sé que no hay medio más seguro para adquirir el cielo que el padecer.»

ORACIÓN. Dios mío, no puedo ir al cielo sino por la humildad, la oración y la paciencia; concededme todas las gracias que necesito para llegar a ser humilde, para orar siempre de un modo que os sea agradable, para saber mortificarme en todas las cosas, y tener fortaleza para sufrir con paciencia y alegría."

Fuente: "Año feliz o santificado por la meditación de sentencias y ejemplos de los Santos para todos los días del año", Ab. Jean-Baptiste Lasausse, 1858) - [Negrillas son nuestras.] / Imagen: Saint Catherine of Siena, 17th century, Baldassare Franceschini, https://bit.ly/3cBL1HX

¿Todos se salvan? ¿Se salvan pocos?


"Las dificultades no deben acobardarte. La puerta del cielo es estrecha, es verdad; pero se puede entrar por ella si te esfuerzas a entrar como te dice Jesucristo. Un buen marinero, un buen soldado, no pierde el ánimo en el mayor peligro, sino que se anima y trabaja más. No te acobarde tu flaqueza; todo lo puedes en aquel Dios que te da fuerza. El ejemplo de los tibios y poltrones no sea tu regla; ni digas: otros hacen lo mismo en la Iglesia, en el convento, etc. Vive con los pocos, si quieres salvarte con los pocos que se salvan. Sálvate, pues, con los pocos. ¿No te aconsejo bien? ¿Pues qué haces?" (P. Belmonte. “Jesús al corazón del sacerdote secular y regular, o, Consideraciones eclesiásticas para cada día del mes”, 1847)

Textos recomendados:
1. «El pequeño número de los que se salvan» por San Leonardo de Porto-Maurizio. http://bit.ly/2GHVpOa
2. Sermón «Del número de los que se salvan» en "Misiones y sermones del P. Pedro de Calatayud" Tomo III, 1796. Disponible en PDF: http://bit.ly/2V0l5Qq

Música: "Egmont Overture" intérprete Kevin Macleod. CC By 4.0. Source: youtube.com/audiolibrary/music

Necesidad de acudir a los Santos



"Aquí aparece el lugar conveniente para tratar de la duda si es necesario también recurrir a la intercesión de los Santos para alcanzar las gracias divinas.

Que sea cosa buena y útil invocar a los Santos para que nos sirvan de intercesores y nos alcancen por los méritos de Jesucristo lo que por los nuestros no podemos obtener, es doctrina que no podernos negar, pues así lo declaró la Santa Iglesia en el Concilio de Trento. Lo negaba el impío Calvino, pero esa desatino e impiedad, porque., en efecto, nadie osará negar que es bueno y útil acudir a las almas santas que en el mundo viven para que vengan en nuestra ayuda con sus plegarias. Así lo hacía el apóstol San Pablo, el cual escribiendo a los de Tesalónica, les decía: Hermanos, rogad por nosotros. Pero, ¿qué digo? Hasta el mismo Dios mandaba a los amigos del Santo Job que se encomendasen a sus oraciones para que por sus méritos el les pudiese favorecer. Pues si es lícito encomendarse a las oraciones de los vivos ¿no lo será invocar a los Santos que están en el cielo y más cerca de Dios?

Angustias de los moribundos que descuidaron su salvación



"Para sorprender a Jesucristo los fariseos en su conversación, y acusarle después, enviaron a preguntarle un día, si era lícito pagar el tributo al César. Mas el Señor les dijo: Respondedme: ¿de quién es esta imagen que hay grabada en la moneda? Del César, respondieron los enviados. Pues dad al César, lo que es del César, replicó Jesucristo, y a Dios lo que es de Dios: Reddite ergo quae sunt Caesaris Caesari, et quae sunt Dei, Deo. Con estas palabras quiso enseñarnos, que debemos dar a los hombres lo que les es debido; y que quería para sí todo el amor de nuestro corazón, puesto que para esto nos crió, y por esta misma causa nos impuso el precepto de amar a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como a nosotros mismos: Diliges Dominum Deum tuum ex toto con de tuo. ¡Infeliz de aquel que vea a la hora de la muerte, que ha amado a las criaturas y sus gustos, y ha descuidado amar a Dios! Porque en medio de las angustias que entonces le cercarán, buscará paz, y no la hallará: Angustia superveniente, requirent pacem, et non erit. (Ezech. 7, 25.) ¿Y cuales serán estas angustias que le han de cercar y atormentar? Escuchadlas: Entonces dirá el infeliz moribundo:

Podía haberme hecho santo, y no lo hice. Punto 1o.
¡Si tuviese ahora tiempo de enmendar mi error! Punto 2o.
Pero este ya no es tiempo de remediarle. Punto 3o.

La oración es necesaria para vencer las tentaciones y guardar los Mandamientos



"Es además la oración el arma más necesaria par defendemos de los enemigos de nuestra alma. El que no la emplea, dice Santo Tomás, está perdido. El Santo Doctor no duda en afirmar que cayó Adán porque no acudió a Dios en el momento de la tentación. Lo mismo dice San Gelasio, hablando de los ángeles rebeldes:No aprovecharon la gracia de Dios y porque no oraron, no pudieron conservarse en santidad. San Carlos Borromeo dice en una de sus cartas pastorales que de todos los medios que el Señor nos dio en el evangelio, el que ocupa el primer lugar es la oración. Y hasta quiso que la oración fuera el sello que distinguiera su Iglesia de las demás sectas, pues dijo de ella que su casa era casa de oración: Mi casa será llamada casa de oración. Con razón,pues, concluye San Carlos en la referida pastoral que la oración es el principio, progreso y coronamiento de todas las virtudes.

Y es esto tan verdadero que en las oscuridades del espíritu, en las miserias y peligros en que tenemos que vivir sólo hallamos un fundamento para nuestra esperanza, y es el levantar nuestros ojos a Dios y alcanzar de su misericordia por la oración nuestra salud eterna. Lo decía el rey Josafat: Puesto que ignoramos lo que debemos hacer, una sola cosa nos resta: volver los ojos a Ti. Así lo practicaba el santo Rey David, pues confesaba que para no ser presa de sus enemigos no tenía otro recurso sino el acudir continuamente al Señor suplicándole que le librara de sus acechanzas: Al señor levanté mis ojos siempre, porque me soltará de los lazos que me tienden. Se pasaba la vida repitiendo así siempre: Mírame, Señor, y ten piedad de mí, que estoy solo y soy pobre. A ti clamé, Señor, sálvame para que guarde tus mandamientos... porque yo nada puedo y fuera de Vos nadie me podrá ayudar.

De las Propiedades de la Muerte



"En esta meditación consideraremos algunas propiedades de la muerte, y los fines que pretendió Dios en ellas para nuestro provecho, reduciéndolas a tres, que son las más principales. —

Punto Primero. — 1. La primera propiedad de la muerte es, ser certísima, sin que ninguno se pueda escapar de ella en el tiempo que Dios tiene determinado. (Hebr. IX, 27). En lo cual se ha de ponderar lo primero, que Dios nuestro Señor desde su eternidad tiene determinados los años de nuestra vida y señalado el mes (Psalm. XXXVIII, 6), el día y la hora en que cada uno ha de morir, sin que sea posible, como dice Job (XIV, 5), pasar de él un punto: ni hay rey ni monarca que pueda añadirse a sí o a otro un momento de vida sobre lo que Dios ha determinado. Y así como entré en el mundo el día que Dios quiso, y no antes; así también saldré de él el día que Dios quisiere, y no después. Para que entienda, que cualquier día que vivo le recibo de gracia, y los que he vivido han sido de gracia: pues pudiera Nuestro Señor haberme señalado plazos de vida más cortos, como señaló a otros que murieron en el vientre de sus madres, y en su niñez. Y pues mi vida está tan colgada de Dios, justo es gastar todo el tiempo de ella en servicio de quien me la da, teniendo por sumo desagradecimiento emplear un solo momento en ofenderle.

Que no se debe dilatar ni un solo día la conversión



"Punto Primero. — Considera que por arreglado que uno sea en su conducta siempre tiene que reformar; faltánle muchas virtudes que adquirir; réstale mucha penitencia que hacer. No hay persona que no tenga necesidad de convertirse; tampoco la hay que durante el tiempo de su vida no tenga alguna vez el pensamiento de convertirse a Dios con toda el alma; y menos que no quiera morir después de perfectamente convertida. De aquí nacen aquellas proyectos de conversión para en adelante, aquel plan de vida cristiana que se suele formar en medio de los mayores desórdenes. Espero, dice un hombre del mundo cuya conciencia está poco tranquila, espero que Dios me hará la merced de que acabe los días de esta miserable vida en una soledad, en un convento, donde no piense en otra cosa que en mi salvación. Yo, dice otro curial, deseo ansiosamente que se acabe este pleito, poner en orden mis dependencias, y retirarme de este tropel de negocios y de ocupaciones, que no me dejan lugar para dedicarme ni un solo instante al importante negocio de la salvación. Solo deseo dar estado a mis hijos, qué se acabe el tiempo de este empleo, de este negro cargo para irme a enterrar vivo en un desierto, y pensar únicamente en disponerme para morir. Estos son los trampantojos con que se procuran acallar aquellos crueles remordimientos, aquellos saludables sobresaltos que excita Dios en el alma de los mayores pecadores. No hay cosa que más sosiegue ni que mas falsamente tranquilice una conciencia justamente sobresaltada, que estos proyectos de conversión a cual mas frívolos y más vanos.